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Elegía, de Miguel Hernández

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Este poema que os dejo más abajo y de Miguel Hernández, se titula “Elegía” y fue posteriormente cantado expléndiamente por Juan Manuel Serrat y por Jarcha. Todo comenzó de alguna forma cuando en Orihuela se cambió el nombre de una plaza el 14 de abril de 1936 para ponerle el nombre de Plaza de Ramón Sijé, que era un escritor de la misma localidad que Miguel Hernández.

Aquí podemos ver al poeta en la reinauguración de la plaza con el nuevo nombre, dirigiéndose a sus vecinos de Orihuela con unos textos que fueron los que inspiraron luego a la poesía “Elegía”.

El alcalde franquista de Orihuela, en el año 1958, la volvió a cambiar de nombre por la de Plaza de Marqués de Rafal. 
Pero en el año 2016, y por iniciativa de Ciudadanos, se volvió a su antiguo nombre de Plaza de Ramón Sijé, amigo de Hernández y gran escritor de ese su pueblo murciano, que murió muy joven también..
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

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